pisos
Nuestros momentos de intimidad son compartidos con otros. Así no estén presentes, las reflexiones que acompañan esos instantes están atravesadas por nuestras experiencias con lo ajeno, por historias que nos contaron, por sucesos que vivimos o por rostros que pasaron. Cuando tomamos un baño, sale a relucir esta dualidad entre el ego y lo extraño. Ahí, el agua cae sobre nuestros cuerpos, nos limpia y nos impregna con su pureza. Ella se mueve sobre nosotros a la vez que nuestra mente divaga y se va a otros espacios o tiempos. Cuarto flotante aborda precisamente esa ambigüedad: a través de un espejo doble situado en una ducha, nos invita a discurrir sobre nuestras propias complejidades y nuestra mente soñadora y dispersa, a la vez que propone reflexionar sobre las historias de otros. Ambas experiencias pueden ser tan cercanas o lejanas como cerca o lejos nos situemos del espejo.
Existe en estos trabajos el manejo consciente de un cierto grado de ambigüedad, debido a que pretende rescatar la huella individual de cuerpos que funcionan, sin embargo, como objetos seriados en sí mismos al participar de un servicio repetitivo y desgastante que les conduce al descarte, quedando fuera de la “línea de producción” para presenciar la condena de su propio deterioro en medio de tanta indiferencia colectiva.