SI LAS PAREDES HABLARAn
Si las paredes hablaran, ha sido tomado de la fraseología popular y justifica la configuración definitiva de la pieza. En ella, poco más de doscientas gavetas colman y traspasan la superficie de un muro recién construido, que remplaza de manera simulada una de paredes permanentes de la sala expositiva. Cada gaveta remite a una historia impar pero todas atesoran en su interior fragmentos de confidencias que la artista colecciona, interpreta y proyecta de forma visual y/o auditiva en un entorno ordenado y al mismo tiempo caótico. Compila así segmentos de relatos diversos que entrelaza con otras referencias de naturaleza múltiple, para dar cuenta de voces “desautorizadas” y relegadas al olvido físico y simbólico; de sujetos sometidos a experiencias límite; de tiempos y escenarios amalgamados en los secretos que le son confiados y que solo devela públicamente desde una instancia simbólica, filtrados siempre por el tamiz de su propia sensibilidad.
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Instalación madera, espejo, audio y video
13.88m x 5,82m
2016
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Si las paredes hablaran…
Entre las obras que integraron el proyecto Detrás del Muro durante su segunda edición en 2015, como parte del programa colateral a la Duodécima Bienal de La Habana, los espectadores tuvieron la oportunidad de contemplar en su andar por el Malecón, un enorme secreter blanco construido a partir de la acumulación y el ensamblaje de diferentes tipos de muebles reciclados. La colombiana Lina Leal, autora de aquella pieza, regresa a La Habana un año después para presentar en el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam una instalación interactiva perteneciente a la misma serie (Secretos), bajo el título: Si las paredes hablaran. Metodologías y recursos tan diversos como la investigación antropológica, el testimonio oral, la escritura y la tecnología de la realidad aumentada confluyen esta vez en la construcción de una pared/archivo, concebida a partir de las obsesiones fundamentales que enrumban la poética de esta artista: indagar, escuchar, registrar y conservar “secretos”, para crear, a través de una acción aparentemente paradójica, dispositivos que faciliten el deslizamiento de tal información del dominio de lo privado al dominio de lo público.
Si la tipología del secreter fungió como matriz para la construcción del “mueble de muebles” visto antes en el Malecón -destinado a preservar simbólicamente los secretos confiados a la artista por los vecinos del barrio Colón durante su pesquisa en La Habana- la nueva instalación encuentra sus referentes de orden visual y práctico-funcional en la biblioteca y el archivo; dos de los llamados “lugares topográficos” de la memoria, más avenibles al propósito de quien se muestra ahora menos interesada en resguardar confesiones dentro de la intimidad garante de un secreter, que en atraer la atención del espectador curioso hacia el contenido de otro acervo, también protegido, pero accesible a todos.
El título de la única obra que integra la muestra: Si las paredes hablaran, ha sido tomado de la fraseología popular y justifica la configuración definitiva de la pieza. En ella, poco más de doscientas gavetas colman y traspasan la superficie de un muro recién construido, que remplaza de manera simulada una de paredes permanentes de la sala expositiva. Cada gaveta remite a una historia impar pero todas atesoran en su interior fragmentos de confidencias que la artista colecciona, interpreta y proyecta de forma visual y/o auditiva en un entorno ordenado y al mismo tiempo caótico. Compila así segmentos de relatos diversos que entrelaza con otras referencias de naturaleza múltiple, para dar cuenta de voces “desautorizadas” y relegadas al olvido físico y simbólico; de sujetos sometidos a experiencias límite; de tiempos y escenarios amalgamados en los secretos que le son confiados y que solo devela públicamente desde una instancia simbólica, filtrados siempre por el tamiz de su propia sensibilidad.
Quienes le confieren tales secretos pertenecen, por lo general, a los estratos sociales menos favorecidos de la sociedad colombiana. En cada caso, el diálogo se establece dentro de los recintos privados de gente que habita en barrios y comunidades afectadas por la pobreza, el narcotráfico, la violencia y otros conflictos entreverados en la urdimbre de muchos de los relatos que Lina Leal registra y procesa, consciente de que cada historia individual está definitivamente matizada por un conjunto de problemáticas contextuales que la atraviesan y trascienden, imposibles de desestimar. Entrar en esos espacios y establecer el contacto persona – persona, se vuelve para ella imprescindible en la obtención del testimonio oral de primera mano, no elaborado ni jerarquizado por los anales de las grandes narrativas institucionalizadas.
El malestar presumiblemente implícito en muchas de esas confesiones, se esconde tras la apariencia ennoblecida de un trabajo que pondera en su fisionomía exterior el paradigma estético y el “buen hacer”. Este supuesto desacople entre la atractiva exquisitez de la forma y la aspereza de los contenidos, podría promover en el espectador la inquietud acerca de la intención fundamental que determinó el origen y la construcción de este archivo; duda que no solo resultaría legítima sino, además, congruente con lo que para Ítalo Calvino constituyera lo más fascinante de una colección: aquello que la misma consigue encubrir y develar de la oculta compulsión que la motivó. Cabría entonces preguntarse si en este caso, ese impulso fundacional radica en la mera curiosidad, en el compromiso social, en la estetización de lo político, o en la conjunción de éstas y de otras motivaciones. Sabido es que tras cualquier manifestación cercana a la “belleza” puede palpitar el espanto, como, de igual modo, la búsqueda de la “corrección” social y política en arte no es necesariamente un equivalente de “valor estético”. Siendo así, corresponde a cada quien interactuar con la pieza y sumergirse en ese heterogéneo universo de confesiones para encontrar la respuesta, pero, sobre todo, para comenzar a lidiar con nuevas preguntas.
Ibis Hernández AbascalCuradora
Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam
En las gavetas, encontrarán relatos inscritos de formas diferentes, para suscitar maneras diversas de introspección: unos estarán en realidad aumentada, otros serán escritos, y otros más serán los secretos de los propios espectadores, quienes se verán reflejados en espejos que les permitirán reflexionar sobre sus propios silencios.